Merecido reconocimiento

Soy María, tengo 20 años, soy de Pontevedra (Galicia) y tengo dos hermanos mayores. El más mayor tiene 30 años y vive con su novia, y yo vivo con el otro, que tiene 24 años. Cuando cumplí 18 años decidimos independizarnos e irnos juntos  de casa de nuestros padres. Mi mayor pasión es la moda. […]

Soy María, tengo 20 años, soy de Pontevedra (Galicia) y tengo dos hermanos mayores. El más mayor tiene 30 años y vive con su novia, y yo vivo con el otro, que tiene 24 años. Cuando cumplí 18 años decidimos independizarnos e irnos juntos  de casa de nuestros padres. Mi mayor pasión es la moda. De mayor me gustaría ser asesora de imagen y aconsejar a personas que quieran definir su estilo y encontrar las prendas que más les favorezcan según la forma de su cuerpo, tratando también temas relacionados con el físico. 

El 24 de diciembre de 2012 fui a Río de Janeiro (Brasil) para pasar allí la Navidad. Hablaba portugués porque, de pequeña, siempre veraneaba en Oporto, por lo que no me daba miedo estar en ese país yo sola. Nada más llegar, bajé del avión, recogí mis maletas y me encontré con el conductor del taxi que me llevaría al hotel. Durante todo el camino estuve mirando por la ventana y admirando la decoración navideña de las calles: las luces de colores, los fuegos artificiales y el gran árbol iluminado. Pero la tradición brasileña que más tenía ganas de llevar a cabo era la de Año Nuevo. Mientras que en España comemos doce uvas, allí saltan doce olas, ya que es verano. Cuando llegué al hotel me instalé y salí a dar una vuelta para ver cómo estaba el ambiente. Me tomé muchas fotos junto al árbol de luces de la plaza central y traté de cenar en alguno de esos restaurantes, pero estaban todos llenos así que no tuve otro remedio que regresar al hotel y cenar allí. 

Al día siguiente, tuve el concierto de Gustavo Lima, para el que había comprado una entrada con mucha antelación por miedo de que se agotaran. Me lo pasé súper bien y sucedió algo inesperado: al ser el día de Navidad, antes de cantar su gran éxito “Balada”, Gustavo eligió a una chica para que subiese al escenario a cantarlo con él. La chica, después de que eso sucediera, se volvió famosa: fue llamada por numerosas revistas. Algunas de las revistas querían entrevistarla por lo sucedido, y otras querían contratarla como modelo, dado que era muy atractiva.

El día 30 de diciembre, me encontré a la chica famosa hablando con una fan que estaba llorando. Decidí acercarme para ver qué estaba pasando y escuché cómo la insultaba por la forma de su cuerpo. Decidí intervenir. La comencé a defender y, finalmente, la modelo se fue y puede hablar tranquilamente con la otra chica quien, después de lo sucedido, tenía la autoestima por los suelos. Traté de hacerle ver que lo que le había dicho no era cierto y que era mucho más guapa de lo que ella creía. Pero mis esfuerzos no daban resultados porque, aunque yo estudiaba Asesoría de Imagen, como la otra chica era conocida, le importaba más su opinión que la mía.

Justo en ese momento, pasó por allí un hombre vestido de elfo de Papá Noel que nos dio un folleto de contenido publicitario en el que informaba de un concurso de belleza. Animé a la chica a apuntarse, pero ella se negó porque no creía tener oportunidades de ganar. Cuando vio que daban una recompensa, aunque fuese solo por participar, dijo que sí sin pensárselo dos veces y me contó lo siguiente:

—Mi abuela está enferma y el medicamente que se tiene que tomar no podemos permitírnoslo. Si solo por participar me dan 625 reales, podría ayudarla a conseguirlo.

—Me parece una buena idea, pero, ya que participas, ¿por qué no tratas de ganar? Además, si ganas, en vez de 625, ganarías 65.000 reales. Yo podría ayudarte, si quieres.

Aceptó, pero se me presentaron dos problemas. En primer lugar, sólo tendríamos dos días para prepararnos y, en segundo lugar, tendría que elegir entre saltar las doce olas o quedarme a esperar el veredicto final del concurso junto a ella. A pesar de todo, la acompañé a que se inscribiera y, después, fui a prepararla para el concurso, cuya temática era, claramente, la Navidad. Decidió vestirse de Mamá Noel, así que nos pusimos manos a la obra: le tomé medidas para identificar la forma de su cuerpo, le di recomendaciones de cuáles eran las prendas que más le favorecerían, conseguimos los materiales necesarios, ella lo diseñó y yo lo cosí a máquina. ¡Quedó fabuloso!

El día tan esperado llegó, y yo, al haber estado tan liada preparando a mi nueva amiga, olvidé tomar una decisión sobre mis planes para la medianoche. Llegamos al lugar donde se celebraba el evento por la mañana, para que Andiara (que así se llamaba la chica) se fuera acomodando. Yo la acompañé entre bastidores y, sorprendentemente, nos encontramos con la famosa que, el día anterior, había estado insultándola. Ella también estaba vestida de Mamá Noel. Cuando nos vio, se nos acercó violentamente para hablar con Andiara: 

—¿Qué estás haciendo aquí? Este no es lugar para ti, deberías irte. ¿Te crees que tienes oportunidades de ganar contra mí? ¡Lo llevas claro!

—Tiene las mismas oportunidades de ganar que tú,— intervine yo.

Cuando se fue, Andiara me dijo, entristecida: 

—No sabía que ella también iba a participar. Antes no creía que pudiese ganar, pero ahora lo sé con seguridad...

—No digas eso, tienes las mismas oportunidades que ella. Confía en ti. - le dije. 

Se nos pasó el día volando, la noche ya había llegado y estábamos en el camerino preparándola: la maquillé, la vestí, repasamos cómo tenía que desfilar... Era la última, así que teníamos tiempo de sobra, pero, por si acaso, estaba preparada como si fuese a ser la primera. De repente, la modelo se le acercó de nuevo y le dijo a Andiara: 

—Buena suerte.

—Gracias… ¡Oye, me has copiado el atuendo! -respondió mi amiga tras haberse fijado bien en la ropa que llevaba su contrincante. 

—Sí, es que te tengo que confesar algo: te envidio desde la primera vez que te vi. Pero la fama y el orgullo se me subieron a la cabeza y, creyéndome superior, te dije esas cosas tan horribles ayer. Lo siento, ¿podrías perdonarme? -dijo la modelo. 

—No lo sé, tendría que pensármelo… —Titubeó Andiara. 

Yo escuché toda la conversación y le recomendé que no se fiara de ella, porque lo más probable era que fuera una maniobra de distracción. Mi amiga me dijo que confiaría en ella, pero que también tendría en cuenta lo que yo le acababa de decir. A continuación, ya habían salido todas y solo quedaba ella. Le di muchos ánimos. Cuando la llamaron, salió y me quedé sola pensando en la decisión que tenía que tomar. Aún quedaban unos minutos, si decían la ganadora ya, me daría tiempo a realizar los dos planes, pero, si se demoraban, no. 

Los jueces llamaron a la pasarela a mi amiga y a la famosa y les preguntaron que por qué iban vestidas igual. Las dos se quedaron calladas y los jueces las presionaron diciendo que, si no respondían, ganaría la que había salido a desfilar primero, lo cual no era justo. En ese preciso instante, sucedió un milagro. La modelo confesó haber copiado el atuendo de Andiara y fue descalificada. Eso significaba que mi amiga había ganado el concurso navideño y los 65.000 reales para poder ayudar a su abuela. Me alegré mucho por ella y le di la enhorabuena, pero también le dije que tenía que irme porque sino no llegaría al salto de las doce olas. Ella lo entendió y yo me fui corriendo.

Llegué muy apurada a la playa, pero justo a tiempo. Salté las olas y después me invitaron a un chiringuito en el que, al parecer, se retransmitía en directo el concurso de belleza navideño. En ese momento justo, le dieron un micrófono a la ganadora para que dijese unas palabras: agradeció a toda su familia y amigos todo el apoyo que había recibido de su parte siempre y… ¡también me mencionó a mí! Dijo que, sin mi ayuda, nada de eso hubiese sido posible y que le gustaría cantar una canción en mi honor. 

Cuando comenzó a cantar, subió a la famosa a la pasarela para que la acompañase formando un dueto, lo que significaba que se habían perdonado y que no había rencores entre ellas. Lo hicieron muy bien, todos aplaudieron y se levantaron de los asientos eufóricos. Al público también le había encantado. Al final, se acabaron haciendo tan buenas amigas que decidieron comprarse un piso compartido las dos e irse a vivir juntas. En cuanto a mí, regresé a Pontevedra con mi hermano, conseguí sacarme la carrera de Asesoría de Imagen y dedicarme a lo que realmente me gustaba. Nunca olvidaré esa Nochevieja.


Relato Navideño de Luna Vitini, alumna de 1º de Bachillerato B, a propuesta de su profesora Sandra Hidalgo para su materia de Literatura Universal. 

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