Acto de entrega de medallas del Campeonato Escolar de Fútbol

Recientemente, ha tenido lugar en el Colegio la entrega de medallas a los alumnos que en el pasado curso 2019-2020 participaron en las respectivas ligas de los campeonatos escolares de fútbol sala organizados por el Ayuntamiento de Majadahonda, en concreto en las categorías benjamín y prebenjamín, donde además, nuestro equipo prebenjamín de 2º año, integrado por alumnos que cursan en la actualidad 3º de Primaria, resultó campeón de su competición.

 

 

El alcalde de Majadahonda, José Luis Álvarez Ustarroz, y el concejal de Deportes, Eduardo González-Camino Montojo, nos acompañaron durante el acto para felicitar personalmente a los alumnos participantes por su desempeño en el torneo y sus grandes valores deportivos.

 

 

La ceremonia, celebrada en nuestro Aula Magna, estuvo encabezada por nuestra directora, Marta del Pozo, y contó con la presencia de nuestros Profesores de Educación Física y Deporte, Guillermo Rocafort y Alfonso Cagigal como anfitriones.

 

 

Durante su discurso, el alcalde, antiguo alumno de nuestro centro, destacó nuestro proyecto educativo: "Aquí (en Engage) me enseñaron la importancia de esforzarse, la importancia de trabajar y, sobre todo, que conseguir los sueños (de todos vosotros) es posible."

 

 

Asimismo, el equipo ganador recibió de manos del alcalde un trofeo con el que, muy orgullosos, festejaron su victoria con gran alegría.

 

 

Tras la ceremonia, el alcalde de Majadahonda pudo reencontrarse con muchos de sus profesores y revivir recuerdos de su infancia mientras recorría las instalaciones con el resto de su equipo, conociendo de cerca todas las novedades del Colegio en la etapa actual.

 

 

Al final de la visita, el Colegio hizo entrega al acalde y el concejal de Deportes de unas beisboleras con nuestro antiguo logotipo, como en la época en la que estudió el alcalde en nuestro centro, que ambos recibieron con mucha ilusión.

 

 

Enhorabuena a todos nuestros jugadores de fútbol participantes en la competición y a los ganadores del torneo. ¡Sois todos unos campeones!

 

 

Muchas gracias al alcalde y equipo del Ayuntamiento de Majadahonda.

 

2º ESO participa en 'Ready, set, design!' con sus creativos proyectos

Los alumnos de 2º de Secundaria han participado, guiados por su profesora Cristina, en una interesante actividad en su materia de Design Thinking, uniéndose a una iniciativa que se desarrolla en el Cooper Hewitt, Smithsonian Design Museum de Nueva York, con el nombre "Ready, Set, Design!".

 

 

Esta actividad consiste en el planteamiento de un reto para los alumnos en el que tendrán que idear algo que no exista. Para ello, se les proporciona una caja con diferentes materiales: cuerda, papel, palos… Sin embargo, no disponen de tijeras o pegamento para desarrollar su prototipo, que deberán crear en unos 20 minutos.

 

 

Los problemas a los que dieron solución los alumnos con sus creativos sistemas fueron:

 

Tras crear su prototipo, cada grupo presentó ante sus compañeros en inglés sus distintos proyectos. Algunas ideas que llevaron a cabo los alumnos:

Reto: generar luz en una casa sin electricidad

Creación de un prototipo que produce luz utilizando anguilas. En la parte superior, se encuentran las anguilas en una pecera y en la inferior se conectan a cables, para generar electricidad y poder tener luz.

Reto: mantener a un bebé caliente de manera segura sin electricidad

Creación de una armadura con forma de pato, que se calienta utilizando fuego para calentar agua entre dos capas de la armadura. Además, posee un filtro para que los vapores del fuego no hagan daño al bebé y, como el fuego produce luz, el bebé no tiene miedo por la noche.

 

 

Unas ideas de lo más originales, en las que los alumnos emplearon toda su creatividad. Gracias a esta actividad, han desarrollado su pensamiento creativo y flexibilidad, y han reforzado valores como el trabajo en equipo.

 

 

¡Magnífico trabajo!

 

5º de Primaria crea sus propias 'empresas'

Los alumnos de 5º de Primaria han creado sus propias ‘empresas’ en su materia de Ciencias Sociales, impulsados por su profesora, Gema.

 

 

Los estudiantes se han dividido en diferentes grupos e ideado diferentes empresas para las que han trazado originales campañas de marketing.

 

 

Durante este proceso, han tenido que trabajar juntos para idear nombres, diferentes departamentos, logo, eslogan y estrategia de ventas, entre muchas otras cosas.

 

 

Finalmente, realizaron unas presentaciones para el resto de compañeros, donde presentaron diferentes productos, precios y ofertas tan creativos como tazas personalizadas, camisetas, llaveros, bisutería, etc.

 

 

Un proyecto con el que han disfrutado enormemente y a través del cual han desarrollado sus ideas y aprendido sobre múltiples áreas.

 

 

¡Gran trabajo!

Infantil nos enseña sobre los animales con sus presentaciones online

Los alumnos de Educación Infantil, guiados por sus profes, están en estos días descubriendo todo acerca de los animales.

Han estudiado la fauna terrestre y fauna marina de nuestro planeta, creando varios proyectos sobre el tema. Uno de ellos, ha sido la realización de presentaciones online para explicar a sus compañeros sus conocimientos sobre diferentes animales.

Cada alumno ha indagado sobre un animal y realizado una presentación, que ha compartido con el resto de alumnos de Infantil. Debido a la situación COVID, las clases han presentado sus trabajos y hablado de diferentes animales a otros cursos de manera online, sin salir de su aula.

Un intercambio enriquecedor entre los diferentes cursos de Educación Infantil y una gran idea para combinar el trabajo en clase con las nuevas tecnologías, a través del formato de presentaciones online. Sin duda un magnífico proyecto que les ayudará a prepararse para el futuro.

 

¡Gran trabajo, chicos!

Infantil y Primaria refuerzan su autoestima

Los alumnos de Educación Infantil y Educación Primaria han participado estos días en un bonito proyecto, junto a su profesora Sonia, para aumentar la autoestima.

Primeramente, todos han aprendido que la autoestima es la valoración y el sentimiento que tenemos hacia nosotros mismos. Cuando esta valoración es positiva, decimos que tenemos autoestima alta, y cuando esta es negativa, tenemos baja autoestima.  Afortunadamente, la autoestima se puede mejorar, y estos días han aprendido que podemos querernos y apreciarnos de forma incondicional, aún siendo conscientes de nuestros puntos débiles.

En Educación Infantil y 1º de Primaria, los alumnos se dibujaron a sí mismos rodeados de corazones, para reforzar que tenemos que tratarnos bien y querernos siempre. Además, hicieron unos listados de cosas que se les dan bien y cosas que no, y pensaron una frase motivadora que pueden decirse a sí mismos para darse ánimos.

Los estudiantes de 2º a 6º de Educación Primaria crearon cartulinas con sus nombres donde posteriormente sus compañeros añadieron cualidades positivas con las que describirles. También añadieron una frase motivadora para sus momentos de bajo ánimo. Después, realizaron una reflexión sobre sus cualidades, analizando cuales se repetían más, cuales les habían sorprendido, las que creían que faltaban…

En los últimos cursos de Educación Primaria trabajaron un bonito poema de Virginia Satir centrado en la autoestima, que puede consultarse aquí.

Han sido unos días muy emocionantes y un proyecto muy gratificante para todos, donde han aprendido mucho sobre sí mismos. Por último, han podido llevarse sus trabajos a casa para tener esa dosis de ánimo siempre junto a ellos si la necesitan.

¡Fantástico trabajo, chicos!

 

Charlas de ciberseguridad para los alumnos desde 4º PRI hasta 3º ESO

Los alumnos desde 4º de Educación Primaria hasta 3º de Educación Secundaria han recibido unas interesantísimas charlas online sobre ciberseguridad, adaptadas a sus edades, de la mano de voluntarios de Oracle, empresa a la que pertenece Marta Gómez, madre de dos alumnos del Colegio, que amablemente nos ha brindado esta oportunidad.

 

 

Las charlas se han centrado en la privacidad y seguridad en diferentes plataformas digitales de colaboración, examinando los riesgos y peligros que pueden encontrar los alumnos al utilizarlas y en cómo pueden protegerse ante ello.

 

 

Ha sido una experiencia muy positiva para el alumnado, en la que han aprendido enormemente y que les servirán a la hora de adentrarse en internet en su día a día, tomar conciencia sobre los riesgos que pueden encontrar y prevenir situaciones peligrosas para ellos.

 

 

Muchas gracias a Marta y Oracle por estas magníficas charlas.

 

4º A de Primaria 'recorre' la ruta de la seda

Los alumnos de 4º A de Primaria han estado trabajando en estos días en un proyecto centrado en la ruta de la seda para su materia de Global Learning, guiados por su profesora Teresa.

 

 

En dicho proyecto, han aprendido sobre esta gran red de rutas comerciales, los diferentes países por las que se extendió, dentro incluso de diferentes continentes, y todos los tipos de productos con los que se comerciaba, ya que estaba lejos de limitarse simplemente a la seda.

 

 

Con el objetivo de plasmar todo esto, han creado además una magnífica exposición, en la que han recopilado en un mural sus conocimientos sobre el tema y también numerosos objetos que podían adquirirse gracias a la ruta de la seda como: especias, frutas, perfumes y todo tipo de materiales.

 

 

¡Gran trabajo!

Un cambio repentino

La familia Harris era una gran familia, conformada por dos progenitores y sus tres hijos, todos ellos de ascendencia norteamericana. Todas las Navidades, desde que tenían uso de razón, las pasaban en una casa apartada del ruido de la ciudad en Albuquerque (Nuevo México), en medio del monte. Dicha tradición se había hecho desde que la madre era muy pequeña y la quiso trasladar a su familia actual. 

El padre tenía 57 años, era piloto y la mayor parte del año se lo pasaba viajando, tanto a distintos puntos de Estados Unidos como de Latinoamérica, Europa o Asia. Por otra parte, la madre tenía 56 años y se dedicaba a organizar eventos, pero desde aquel abril no trabajaba, porque le detectaron un cáncer de hígado. A día 1 de diciembre seguía con tratamientos intensivos y, de hecho, los médicos le daban una esperanza de vida bastante alta, pues el tumor llevaba quieto y sin haberse expandido durante tres meses. 

En cuanto a los hijos, el mayor se llamaba Noah, de 24 años, y trabajaba como cinematógrafo. Ese mismo año se mudó a Canadá por un proyecto muy importante que marcaría el inicio de su carrera profesional: la grabación de una película. El segundo hijo, llamado Blake, con 21 años recién cumplidos, estudiaba Ingeniería y acababa de encontrar al amor de su vida, de la cual no se despegaba. Por último, el más pequeño se llamaba Josh, tenía 18 años y estaba en su último año de colegio. No sacaba muy buenas notas últimamente y no iba a entrar en la carrera que quería, debido a que necesitaba una beca para hacer un doble grado de Criminología con Derecho, porque sus padres no podían pagarle una universidad privada tan cara, que era el único sitio donde se podía estudiar, aunque en el punto en el que se encontraba se conformaba con cualquier trabajo. Además, nunca estaba en casa y sus padres estaban muy preocupados porque creían que algún día podría llegar a ocurrirle una desgracia. Su madre, especialmente, pasaba días sin dormir pensando en dónde estaría, a la vez que luchaba y luchaba por intentar que estudiase para no ser un fracasado en la vida. Sin embargo, a su edad era difícil hacerle entrar en razón, y más cuando estaba muy influenciado por su entorno social, por sus amigos. 

Un día en el que el frío arrasaba, hicieron una videollamada todos, ya que Noah y el padre se encontraban en diferentes países. En ella, ambos se pusieron de acuerdo para coger vuelos para volver a casa en Navidad. Tendrían que ir alquilando la casa rural porque si no la cogería otra familia. Seguirían la tradición de los años anteriores. Mientras la madre explicaba el plan, se escuchó un suspiro a sus espaldas, era Josh escuchando la conversación, diciendo que se negaba a ir ese año porque nunca le había gustado esa vieja, empobrecida y sucia casa.  

La Familia Harris tenía un estatus de clase media, acercándose más a la baja. Desde que la madre no trabajaba, no podían disponer de muchos lujos, aunque lo bonito era el recuerdo de tantos años. Su madre le dijo explícitamente a Josh que iría obligado. Él, en cambio, ignoró esas palabras y le preguntó a su padre si podía pasar la Navidad con su mejor amigo, dado que iban a irse a Alaska a hacer snowboard y a instalarse en una gran casa con toda clase de lujos. El padre, impresionado, asintió con la cabeza y la madre, desesperada, se indignó diciendo que no se lo permitía, que la Navidad era para estar en familia, a la vez que se sorprendió de la respuesta que le dio su marido. Se notaba que él viajaba demasiado y que no sufría del mismo modo en que ella sí lo hacía. 

Pasaban los días y la casa de los Harris iba reflejando el espíritu navideño. Colocaron el árbol, el belén, guirnaldas y múltiples luces dispersas tanto por el exterior como por el interior de la casa. Todo esto lo hacía la madre sola, ya que nadie se disponía a ayudarla o, simplemente, no estaban. Dada su enfermedad, los médicos le recomendaban reposo, aunque ella no lo cumplía porque estaba falta de ayuda. Una tarde, mientras hacía unas galletas notó unos leves dolores que provenían de la zona del hígado. No se sobresaltó demasiado y continuó con lo que estaba haciendo, pero aquello no parecían muy buenas señales.

Se iba aproximando la mitad del mes, allá por el 10 de diciembre de madrugada. La madre se despertó en mitad de la noche al escuchar unos ruidos. Era la puerta principal abriéndose. Se asomó y vio cómo su hijo pequeño, Josh, se desplomaba y caía al suelo. Inmediatamente, fue a ver qué era lo que había pasado. Dado que no respondía, le tomó el pulso y, finalmente, llamó a una ambulancia. Durante todo el trayecto la madre sufría acelerados y seguidos pinchazos, esta vez en el abdomen. Se quejaba bastante y, por consiguiente, un médico se acercó y le hizo una inspección:

-¿Te duele? -preguntó el médico, palpando el abdomen.

-¡AAAAAGH! -exclamó la mujer, con mucho dolor.

-Te haremos unas pruebas al llegar. -respondió el hombre.

Al llegar al hospital le hicieron una revisión a la madre y, efectivamente, le dijeron que no debía hacer nada de esfuerzo porque últimamente el tumor había estado expandiéndose hacia el abdomen y no era nada bueno. Por otra parte, le informaron de que a Josh se le había detectado cocaína en sangre. También le comentaron que parecía no ser la primera vez que consumía estupefacientes, dado que presentaba ciertas marcas en el brazo y en la pierna de ocasiones anteriores. Todo iba mal para la familia, pero aún más para la madre, que tenía que llevarse todo a casa sola, mientras luchaba contra una enfermedad que acabaría destruyéndola. No podía dejar de pensar que era cuestión de tiempo que ella fuera a dejar de estar ahí para siempre.  

Al regresar a su casa después de haber sido dados de alta, la madre le prohibió a Josh el uso del móvil, las quedadas con sus amigos o simplemente el hecho de estar solo, estaría siempre cerca de alguien que le supervisara y, por supuesto, no iría de viaje con su mejor amigo. El joven suspiró y se quejó, pero no tenía otra opción. Cada vez que iba al baño, o su hermano Blake o su madre estaban ahí, lo mismo pasaba cuando se quedaba en su habitación o en el salón, siempre había alguien vigilándole, y ya se estaba empezando a cansar. 

Era ya 20 de diciembre e iban a partir en un par de días hacia la casa del monte, por todo ello, en su único momento solo, en mitad de la noche, Josh aprovechó para salir e irse con su amigo de viaje, ya que lo habían estado planeando durante ese tiempo. Al salir, se aseguró de dejar una nota. Horas más tarde, la madre la leyó, pero cansada de que no le hiciera caso, se tumbó en el sofá, como le había ordenado el médico y no hizo nada al respecto. Por otro lado, el hijo mediano le vino con la noticia de que pasaría las fiestas con su futura esposa y de que le era imposible ir al encuentro familiar. Iban a partir en dos días y nada parecía en orden. Esa noche, hacia las nueve, el teléfono de casa comenzó a sonar. Era Noah, acompañado de la voz de su jefe, ambos gritando de la emoción:

-¡Mamá, van a hacer la segunda parte de la película y me quieren para su rodaje!- exclamó Noah.

-¡Qué bien hijo! ¿Y cuándo sería? -preguntó, por curiosidad, su madre.

-Se grabará durante estas Navidades, porque debe ser de temática navideña -afirmó Noah.

-¡Qué pena, hijo! No podremos vernos, pero debes conseguir tus metas -respondió la madre, con el ánimo triste.

- Lo siento, mamá... El año que viene estaremos todos juntos, te lo prometo. Ahora tengo que colgarte- se despidió Noah, que sonaba desanimado. 

- Adiós, hijo... -se despidió la madre.

A esas alturas parecía que solo iba a estar con su marido. Al menos se había estado preocupando por ella, escribiéndole mensajes o dedicándole detalles de vez en cuando. Él ya tenía su vuelo para volver el 21 de diciembre, es decir, al día siguiente. Así lo hizo. Volvió para estar junto a su esposa. Pasaron dos días y estuvieron muy unidos después de mucho tiempo. El padre hacía la comida y la ayudaba en todo lo que no había podido hacer los meses anteriores. Pusieron música navideña y, sin duda, pasaron una gran Nochebuena en la casa, pero la madre no paraba de lamentarse porque sus hijos no estuvieran allí. 

Todo parecía en orden, hasta la mañana siguiente. La madre se levantó con mareos, vómitos y dolores insoportables. Su marido la llevó corriendo al hospital y la metieron en la UCI nada más llegar. Le hicieron uno de sus tratamientos intensivos para poder frenar el cáncer, que no paraba de extenderse. Pasaron unas horas en las que la madre no se despertaba y el padre no podía parar de llorar, dando por hecho que no se podía hacer nada más. Todo era peor porque sabía que ninguno de sus hijos estaba allí para apoyarla. Pasadas tres horas desde la intervención quirúrgica, llegaron los resultados y el médico no parecía deprimido, de hecho, se mostraba muy sobresaltado:

-¡Señor, acaba de pasar algo que jamás había ocurrido antes! -exclamó, con emoción, el doctor.

-¡¿QUÉ PASA?! -se alarmó el marido.

-Hemos conseguido frenar el tumor de su esposa, que parecía imposible. Había adquirido una expansión inmensa y el tejido parecía muy dañado. Hemos detectado unas células intactas a lo largo del hígado, por lo que hemos podido interferir creando una especie de barrera para frenarlo, algo que es bastante extraño debido a que siempre suelen verse afectadas -comentó el doctor.

-¡SE TRATA DE UN MILAGRO DE NAVIDAD! -exclamó el padre, llorando, esta vez, de alegría.

El médico se retiró y dejó solo al padre. En ese preciso instante éste cogió su móvil y llamó a sus hijos mayores: Noah y Blake. Ellos le preguntaron qué ocurría y su padre dijo que su madre había estado apunto de fallecer y que a la vez sufría una gran depresión por no poder pasar la Navidad con sus hijos, por lo que les pidió que, por favor, volvieran a casa y así podrían, al menos, celebrar Año Nuevo juntos. Éstos accedieron y pidieron perdón. Por último, pasada media hora, llamó a Josh, el más problemático:

-¿Qué tal, papá? -preguntó el hijo, con una voz quebrada -Antes de que digas nada, ya me lo ha contado todo Noah. Soy un desgraciado, no he obedecido a nada de lo que me han dicho, he hecho demasiadas tonterías que acabaron, por suerte, en un susto. Sé que he sido un mal hijo durante todo este tiempo, sin ayudar, sin mostrar ningún símbolo de cariño a mi madre, despreciando todo lo que hacía, cuando ella sólo quería que me sintiese a salvo y querido. Y lo que más me duele es que me he dado cuenta de todo esto cuando de verdad ha pasado algo grave. Jamás me habría perdonado que a mamá le hubiera pasado algo por mi falta de madurez. Perdóname, papá.

-Hijo, quiero que vengas aquí ya. Cógete un avión en los próximos días y ya hablarás con tu madre, pero lo que has hecho es muy grave y no creo que ella se merezca nada de lo que ha pasado-respondió el padre.

Pasaron los días y la madre ya había sido trasladada a planta, aunque seguía con continuas supervisiones. Llegó el 31 de diciembre y, por la mañana, llegaron Noah y Josh. Blake llegó a la hora de comer. Todos fueron a visitar a su madre y se quedaron hablando con ella, excepto Josh, que se sentía muy avergonzado. Cuando los dos mayores salieron de la habitación, Josh fue empujado por su padre para que hablara con ella. Ella, a pesar de lo que había pasado, se alegraba mucho de verle.

-¡Hijo, qué alegría verte! -exclamó la madre.

-Mamá, de verdad que siento todo lo que ha pasado. Me alegro mucho de que estés bien y estoy deseando que vayamos a la casa de la montaña. Me he dado cuenta de que no importa el lugar, sino la gente que te rodea. Espero que puedas perdonarme. -sentenció Josh, avergonzado.

-Claro que sí, Josh. A pesar de todo, siempre serás mi hijo y tendré que aguantarte con todos tus defectos -respondió la madre, entusiasmada.

Para terminar, se abrazaron. A continuación, se les unieron todos los demás. La familia Harris pasó la Nochevieja y el Año Nuevo en una habitación de hospital, pero estaban todos juntos. A pesar de haber estado tan separados durante los últimos años, a pesar de haber sufrido tanto, a pesar de haber dejado a su madre sola, al final lo que importó fue que, en las malas, estuvieron los unos con los otros. Definitivamente, fue la magia de la Navidad.


Relato Navideño de Marina Sanjurjo, alumna de 1º de Bachillerato B, a propuesta de su profesora Sandra Hidalgo para su materia de Literatura Universal.

Amarga Navidad

El veinticuatro de diciembre era miércoles, lo recuerdo claramente. Había nieve por todas partes y la gente estaba feliz por Navidad. Me desperté ansioso y preparé mis cosas para ver a mis amigos en una cafetería cerca de las montañas. Caminé veinte minutos mientras la nieve caía sobre mis hombros y mi cabeza. Estaba congelado pero no me importaba, estaba contento. Cuando llegué al lugar aún no habían llegado mis amigos. Pero pude ver que estaba Juan, un viejo amigo de la infancia que también lo era de los que estaban por llegar , era un muchacho de cabello largo y complexión delgada con un gran sentido del humor. Le grité en ese momento:

-¡Ey, Juan!

-Hola, amigo, ¡cuánto tiempo sin vernos!- contestó, sorprendido.

-¿Qué tal todo?¿Qué cuentas?

-Nada, viejo amigo- dijo en voz baja - solo aquí esperando que se acabe el día.

En ese instante, y con tan solo escuchar esas palabras, me di cuenta de que le pasaba algo. No podía dejarlo ahí, así que le dije:

-¿Por qué no vienes conmigo? Estoy esperando a unos amigos para ir a las montañas. Puedes ir con nosotros si quieres.

-Vale, no tengo nada que hacer, así que puedo ir.

Estuvimos conversando durante 10 minutos hasta que los demás llegaron. Al verlo ahí conmigo mis amigos se sorprendieron y se acercaron a saludarlo. Alejandro y Sebastián eran sus nombres, ambos eran muy agradables y siempre apoyaban a sus amigos cuando lo necesitaban. Estaban de acuerdo con que Juan nos acompañara a las montañas. 

Nos fuimos de la cafetería exactamente a las once de la mañana. No se veía el sol, estaba todo cubierto por un inmenso manto de neblina que no dejaba ver más allá de diez metros. Empezamos a caminar en dirección a la montañas y, conforme íbamos avanzando, se dejaba de ver el pueblo. Mientras caminábamos conversé con Juan y, por lo que me contó, pude ver que había sufrido bastante últimamente. Aún así, mientras subíamos la montaña lo veía más tranquilo y con actitud positiva. Yo estaba feliz porque me había reencontrado con un viejo amigo y era víspera de Navidad: todo iba bien.

Pasó una hora y, por fin, llegamos hasta lo más alto de la montaña. Apenas se podían apreciar los débiles destellos de las luces navideñas que cubrían el pueblo entero. Nos tomamos dos minutos para admirar la hermosa vista que teníamos. El ambiente era de total tranquilidad, por lo que decidimos quedarnos allí e instalar una tienda de campaña que Alejandro cargaba.

-Pondré la tienda aquí, ¿está bien? - dijo Alejandro.

-Sí, está bien- contestaron Juan y Sebastián.

Instalamos la tienda de campaña e hicimos una fogata. Nuestro plan era estar allí conversando entre nosotros mientras esperábamos a que cayera la noche. Cada uno contó historias. Hablábamos sobre experiencias que nos habían pasado a cada uno de nosotros y fue entonces cuando me di cuenta de que, en realidad, no conocía a mis amigos. Los tres contaron historias que jamás habían contado antes. Fue el mejor día del año, todo era felicidad. Por un instante en todo el año me sentí despreocupado, con una tranquilidad interna que me hacía estar en paz con todo.

 Entonces, ocurrió lo peor que podía pasar: la tierra comenzó a moverse repentinamente. Los cuatro nos miramos asustados y sin saber qué hacer. No pasaron más de dos segundos cuando se escuchó un ruido proveniente de la misma montaña. Todos nos quedamos inmóviles.

-¿Qué es ese ruido?- dijo Sebastián, asustado.

-¡Parece que esto se va a derrumbar!- contestó Juan.

-¡No se muevan!- les dije- ¡Rápido! ¡Guarden lo que puedan, nos tenemos que ir!

 Rápidamente comenzamos a guardar nuestras cosas, pero cuando intentamos bajar, el otro extremo de la montaña ya había empezado a derrumbarse y el camino por el que habíamos subido ya no estaba. Sin pensarlo dos veces, bajamos por el otro lado de la montaña, pero era demasiado tarde. Juan y Alejandro iban delante y, cuando pisaron esa parte de la montaña, se derrumbó y ambos cayeron con ésta.

- ¡CUIDADO!- les gritamos Sebastián y yo.

Al ver esto, me quedé tan impactado que se me heló la sangre y caí sobre la nieve. Del mismo modo, Sebastián se sorprendió, pero reaccionó rápidamente y me levantó. No podíamos bajar y, aunque fueron diez segundos sin saber qué hacer, para mí se sintió como una eternidad. Cuando íbamos a descender, la parte en la que estábamos parados se derrumbó. Sebastián cayó antes que yo y fue cubierto por una gran cantidad de nieve. Fue ahí cuando me di cuenta de que ya no había nada más que hacer. Solo me sujeté de un enorme pino y esperé a caer junto con él. Entonces, ocurrió un milagro: el pino del que estaba sujeto se atascó en una parte de la montaña y, mientras la avalancha pasaba, yo veía cómo la nieve llegaba hasta el pueblo. 

Minutos después, cuando deduje que ya no había movimiento, decidí bajar al pueblo. Habían casas que estaban totalmente cubiertas de nieve. Todo era un caos. Llegaron los rescatistas a ayudar a la gente del pueblo y les dije lo que había ocurrido. Me dijeron que me quedara en el pueblo mientras ellos hacían su trabajo. Al día siguiente, encontraron los tres cuerpos de mis amigos debajo de la nieve. 

Fue una amarga Navidad. Tuve que testificar lo sucedido y tardé bastante tiempo en superarlo. Todas las Navidades, cuando aquella montaña se cubre de nieve, subo a lo más alto a poner una tienda de campaña y a hacer una fogata. Siempre con el mismo deseo de poder compartir una Navidad con mis amigos y poder conversar con ellos como en algún momento pudo haber sucedido...


Relato Navideño de Juan Fernando Ramírez, alumno de 1º de Bachillerato B, a propuesta de su profesora Sandra Hidalgo para su materia de Literatura Universal. 

Merecido reconocimiento

Soy María, tengo 20 años, soy de Pontevedra (Galicia) y tengo dos hermanos mayores. El más mayor tiene 30 años y vive con su novia, y yo vivo con el otro, que tiene 24 años. Cuando cumplí 18 años decidimos independizarnos e irnos juntos  de casa de nuestros padres. Mi mayor pasión es la moda. De mayor me gustaría ser asesora de imagen y aconsejar a personas que quieran definir su estilo y encontrar las prendas que más les favorezcan según la forma de su cuerpo, tratando también temas relacionados con el físico. 

El 24 de diciembre de 2012 fui a Río de Janeiro (Brasil) para pasar allí la Navidad. Hablaba portugués porque, de pequeña, siempre veraneaba en Oporto, por lo que no me daba miedo estar en ese país yo sola. Nada más llegar, bajé del avión, recogí mis maletas y me encontré con el conductor del taxi que me llevaría al hotel. Durante todo el camino estuve mirando por la ventana y admirando la decoración navideña de las calles: las luces de colores, los fuegos artificiales y el gran árbol iluminado. Pero la tradición brasileña que más tenía ganas de llevar a cabo era la de Año Nuevo. Mientras que en España comemos doce uvas, allí saltan doce olas, ya que es verano. Cuando llegué al hotel me instalé y salí a dar una vuelta para ver cómo estaba el ambiente. Me tomé muchas fotos junto al árbol de luces de la plaza central y traté de cenar en alguno de esos restaurantes, pero estaban todos llenos así que no tuve otro remedio que regresar al hotel y cenar allí. 

Al día siguiente, tuve el concierto de Gustavo Lima, para el que había comprado una entrada con mucha antelación por miedo de que se agotaran. Me lo pasé súper bien y sucedió algo inesperado: al ser el día de Navidad, antes de cantar su gran éxito “Balada”, Gustavo eligió a una chica para que subiese al escenario a cantarlo con él. La chica, después de que eso sucediera, se volvió famosa: fue llamada por numerosas revistas. Algunas de las revistas querían entrevistarla por lo sucedido, y otras querían contratarla como modelo, dado que era muy atractiva.

El día 30 de diciembre, me encontré a la chica famosa hablando con una fan que estaba llorando. Decidí acercarme para ver qué estaba pasando y escuché cómo la insultaba por la forma de su cuerpo. Decidí intervenir. La comencé a defender y, finalmente, la modelo se fue y puede hablar tranquilamente con la otra chica quien, después de lo sucedido, tenía la autoestima por los suelos. Traté de hacerle ver que lo que le había dicho no era cierto y que era mucho más guapa de lo que ella creía. Pero mis esfuerzos no daban resultados porque, aunque yo estudiaba Asesoría de Imagen, como la otra chica era conocida, le importaba más su opinión que la mía.

Justo en ese momento, pasó por allí un hombre vestido de elfo de Papá Noel que nos dio un folleto de contenido publicitario en el que informaba de un concurso de belleza. Animé a la chica a apuntarse, pero ella se negó porque no creía tener oportunidades de ganar. Cuando vio que daban una recompensa, aunque fuese solo por participar, dijo que sí sin pensárselo dos veces y me contó lo siguiente:

—Mi abuela está enferma y el medicamente que se tiene que tomar no podemos permitírnoslo. Si solo por participar me dan 625 reales, podría ayudarla a conseguirlo.

—Me parece una buena idea, pero, ya que participas, ¿por qué no tratas de ganar? Además, si ganas, en vez de 625, ganarías 65.000 reales. Yo podría ayudarte, si quieres.

Aceptó, pero se me presentaron dos problemas. En primer lugar, sólo tendríamos dos días para prepararnos y, en segundo lugar, tendría que elegir entre saltar las doce olas o quedarme a esperar el veredicto final del concurso junto a ella. A pesar de todo, la acompañé a que se inscribiera y, después, fui a prepararla para el concurso, cuya temática era, claramente, la Navidad. Decidió vestirse de Mamá Noel, así que nos pusimos manos a la obra: le tomé medidas para identificar la forma de su cuerpo, le di recomendaciones de cuáles eran las prendas que más le favorecerían, conseguimos los materiales necesarios, ella lo diseñó y yo lo cosí a máquina. ¡Quedó fabuloso!

El día tan esperado llegó, y yo, al haber estado tan liada preparando a mi nueva amiga, olvidé tomar una decisión sobre mis planes para la medianoche. Llegamos al lugar donde se celebraba el evento por la mañana, para que Andiara (que así se llamaba la chica) se fuera acomodando. Yo la acompañé entre bastidores y, sorprendentemente, nos encontramos con la famosa que, el día anterior, había estado insultándola. Ella también estaba vestida de Mamá Noel. Cuando nos vio, se nos acercó violentamente para hablar con Andiara: 

—¿Qué estás haciendo aquí? Este no es lugar para ti, deberías irte. ¿Te crees que tienes oportunidades de ganar contra mí? ¡Lo llevas claro!

—Tiene las mismas oportunidades de ganar que tú,— intervine yo.

Cuando se fue, Andiara me dijo, entristecida: 

—No sabía que ella también iba a participar. Antes no creía que pudiese ganar, pero ahora lo sé con seguridad...

—No digas eso, tienes las mismas oportunidades que ella. Confía en ti. - le dije. 

Se nos pasó el día volando, la noche ya había llegado y estábamos en el camerino preparándola: la maquillé, la vestí, repasamos cómo tenía que desfilar... Era la última, así que teníamos tiempo de sobra, pero, por si acaso, estaba preparada como si fuese a ser la primera. De repente, la modelo se le acercó de nuevo y le dijo a Andiara: 

—Buena suerte.

—Gracias… ¡Oye, me has copiado el atuendo! -respondió mi amiga tras haberse fijado bien en la ropa que llevaba su contrincante. 

—Sí, es que te tengo que confesar algo: te envidio desde la primera vez que te vi. Pero la fama y el orgullo se me subieron a la cabeza y, creyéndome superior, te dije esas cosas tan horribles ayer. Lo siento, ¿podrías perdonarme? -dijo la modelo. 

—No lo sé, tendría que pensármelo… —Titubeó Andiara. 

Yo escuché toda la conversación y le recomendé que no se fiara de ella, porque lo más probable era que fuera una maniobra de distracción. Mi amiga me dijo que confiaría en ella, pero que también tendría en cuenta lo que yo le acababa de decir. A continuación, ya habían salido todas y solo quedaba ella. Le di muchos ánimos. Cuando la llamaron, salió y me quedé sola pensando en la decisión que tenía que tomar. Aún quedaban unos minutos, si decían la ganadora ya, me daría tiempo a realizar los dos planes, pero, si se demoraban, no. 

Los jueces llamaron a la pasarela a mi amiga y a la famosa y les preguntaron que por qué iban vestidas igual. Las dos se quedaron calladas y los jueces las presionaron diciendo que, si no respondían, ganaría la que había salido a desfilar primero, lo cual no era justo. En ese preciso instante, sucedió un milagro. La modelo confesó haber copiado el atuendo de Andiara y fue descalificada. Eso significaba que mi amiga había ganado el concurso navideño y los 65.000 reales para poder ayudar a su abuela. Me alegré mucho por ella y le di la enhorabuena, pero también le dije que tenía que irme porque sino no llegaría al salto de las doce olas. Ella lo entendió y yo me fui corriendo.

Llegué muy apurada a la playa, pero justo a tiempo. Salté las olas y después me invitaron a un chiringuito en el que, al parecer, se retransmitía en directo el concurso de belleza navideño. En ese momento justo, le dieron un micrófono a la ganadora para que dijese unas palabras: agradeció a toda su familia y amigos todo el apoyo que había recibido de su parte siempre y… ¡también me mencionó a mí! Dijo que, sin mi ayuda, nada de eso hubiese sido posible y que le gustaría cantar una canción en mi honor. 

Cuando comenzó a cantar, subió a la famosa a la pasarela para que la acompañase formando un dueto, lo que significaba que se habían perdonado y que no había rencores entre ellas. Lo hicieron muy bien, todos aplaudieron y se levantaron de los asientos eufóricos. Al público también le había encantado. Al final, se acabaron haciendo tan buenas amigas que decidieron comprarse un piso compartido las dos e irse a vivir juntas. En cuanto a mí, regresé a Pontevedra con mi hermano, conseguí sacarme la carrera de Asesoría de Imagen y dedicarme a lo que realmente me gustaba. Nunca olvidaré esa Nochevieja.


Relato Navideño de Luna Vitini, alumna de 1º de Bachillerato B, a propuesta de su profesora Sandra Hidalgo para su materia de Literatura Universal.